02 septiembre, 2011

Cuatro vuelos,
tres noches con retraso,
aire del desierto a 80 grados,
noche en una calle rebosante de turistas,
luces de neón con sabor a “final feliz”…

Un vagón de tren de segunda clase
repleto de cucarachas pequeñas.
Un ferry hasta una isla,
una playa, La Playa,
un querer y no poder respirar,
una rápida ascensión submarina
con ánimo de proteger a tu hermana.
Una desesperación transitoria
con final, ahora sí, feliz de verdad.
Un pasaporte de estrellas
para volver ahí abajo cuando quieras.

Quizás un libro,
tal vez un rostro
con dobles parejas de besos.
Un todo igual de regreso.

Una vuelta a tu vida, cansada
pero con una sensación satisfactoria.

Guerrillero Urbano
A mi café, a tu camiseta
La Leçon de Ski (Joan Miró)

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