Neurological flash

28 septiembre, 2014

Hoy trazo con tiralíneas este inquietante Despertar, escrito en mayúscula e inmerso en una prosa que nunca se reivindica pero se percibe siempre difusa en mis versos. La poesía puede estremecer el corazón, transformar en escarpias los vellos de los brazos o incluso hacerte derramar lágrimas de amianto, pero es solo la prosa capaz de derribar esos muros que nos separan del efímero mundo de las ideas. Espero por tanto que la fuerza de este estilo ausente de lírica me lleve al lugar donde quiero llegar y de donde nunca debería haberme ausentado. A medida que escribo aun ando buscando el camino de regreso. Lo comencé a divisar esta mañana, cuando una neurona explotó en mi cerebro y proyectó, en esa orgánica pantalla cortesía de mi retina, la imagen de una antigua escena que yo ya había olvidado que alguna vez aconteció, y que sin embargo, azarosa de destinos, estaba escondida desde hacía años con intencionado recelo. El grotesco recuerdo se mostró como antagónico tesoro y en él pude ver personas que estuvieron, pero que ya no están (harto común en esos profesionales liberales que se hacen llamar arquitectos), en un ambiente elitista y pretencioso, a la vez que lúgubre, como si todo eso no fuera posible… Y allí estabas tú, justo en el centro de la imagen. El fogonazo neuronal te iluminó, te convirtió por un segundo en estrella de este cine de las estrellas, mudo en una Metrópolis muda, carente de labios, lengua de serpiente, tela de araña que solo un genio como Fritz Lang podría haber tejido. Entonces pude ver tu cara, algo más joven, con la misma expresión, tu sonrisa única aun huérfana de pliegues en la piel, la losa de la ley todavía sobre tu espalda, el sermón y sus cortapisas, la ira de Juan XXIII en tu pescuezo. En aquel funesto día para mí, no conseguí nada porque simplemente no podía o aun no sabía de qué manera hacerlo, tú todavía eras aquella persona que ya no eres o que quizás, sin que lo sepas, aun sigas siendo. Hoy he visto ese instante por última vez, porque esa célula, inteligente que fue de tener tanta memoria y también de saber cuándo suicidarse, ya es solo polvo en mi cabeza. Un telón se ha cerrado hoy sobre aquella noche, antes de la cual solo quedan tinieblas y ya no existe nada. Sin saber ni cómo ni porqué, tú ya tampoco existes…

Guerrillero Urbano
A Iulius Caecilius, amigo, consejero y director de este cine “de barrio”
Walac Despertar (José Angel Ipanaqué Trelles)