Día cero

04 febrero, 2016

Montado en una amanecer de acero
circulé raudo hacia el gastado norte,
volando a lo largo de esta verde frontera
que separa Portugal de mi viejo no-país,

y dejé atrás ese nuevo amor mío
sabiendo que la echaré mucho de menos,
tanto como a ese milagro en su vientre,
teniendo certeza de que me enamoré de ti.

Giré al oeste en la ciudad de Mérida
sin ver vestigios del romano imperio,
y me sentí latino abandonado a su suerte
en esta falsa Europa de aspecto febril,

raptándome de nuevo la melancolía
por no saber qué leer,
por no saber que decir,
que aunque hablar con uno mismo
no siempre fue de locos,
esa noche tocaría volver a escribir.

Esa tarde la soledad se disfrazó
de puesta de sol transparente e infinita,
y se escondió detrás de un rincón de Lisboa
hundiéndose en un atlántico océano sin fin.

Guerrillero Urbano
A mis monichos, a nuestras futuras puestas de sol
Puesta de sol (Elena Nuñez)

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